AITANA DAVIS
Desde que tengo uso de razón he adorado a mi padre Gaspar Davis, ahora evoco con mucha gracia la forma en que me dirigía a él y confieso que cuando lo llamo por teléfono no puedo evitar saludarlo con alguna de las frases que utilizaba en ese entonces y que aún recuerdo perfectamente.
Tenía ocho años cuando vi a mi madre por última vez y transcurrieron varios años más antes de enterarme que había muerto, tristemente debo reconocer que no me impresionó, el recuerdo de ese día en que la vi era tan amargo que no había vuelto a nombrarla.
Cuando supe de su fallecimiento casualmente salía del...