Kate se sentía extenuada. Nada más abrir la puerta del que ahora era su apartamento un escalofrío la recorrió de pies a cabeza y realmente quiso salir corriendo. La razón. Fácil. Pensaba que iba a ser un simple apartamento de unos cuantos metros cuadrados más grande que en donde vivía. Pero no.
Era un penhouse, en el último piso de un edificio de diez apartamentos, y era el piso completo. De dos niveles. Con sala inmensa, una terraza que no quería ni mirar porque podría caerse en la piscina de solo pensarlo. Las vistas ni que decir, eran majestuosas, pero eso no era lo que la tenía nerviosa.
¿Por qué...