La tensión acumulada durante meses explotó de golpe.
Alessandro me atrajo contra él con facilidad y sentí un escalofrío recorrerme entera cuando sus labios descendieron lentamente por mi cuello. El aire parecía haberse vuelto demasiado caliente dentro de aquella habitación.
Mis manos seguían aferradas a sus hombros. Y Dios…Estaba completamente perdida y empapada hasta más no poder.
—Van a escucharnos… —susurré entre jadeos nerviosos.
Alessandro levantó apenas la mirada.
—No hay nadie abajo, solo estamos tu y yo cucciolla—dijo en un susurro que erizó todo mi cuerpo.
La tranquilidad con la que lo dijo me estremeció todavía más. Era una voz demasiado seductora y atrapante.
Volvió a besarme, esta vez...