—Tome asiento. —ordena señalando la silla frente a su escritorio mientras siento como mis bragas se mojaron el proceso.
Hago caso a su petición y por un momento pienso que sería tener a ese espécimen entre mis piernas.
«—Eso es lo que queremos. —habla la voz en mi interior—, necesitamos que nos hagan perder la razón y que tu cosita finalmente tenga su debida atención —esbozo una sutil sonrisa.»
Salgo de mis pensamientos cuando su voz ronca me trae a la realidad.
—¿Se puede saber que le causa gracia? —pregunta enarcando una ceja.
—Nada…, lo siento es solo que… —levanta la mano para que haga silencio interrumpiendo mi hablar.
«¿Siempre...