Alexei se incorporó de golpe, colocándose protectoramente frente a Anya, sus ojos destellaban con furia.
—¿Qué demonios haces aquí, Viktor? ¿Cómo entraste? —exigió saber.
Viktor sonrió con crueldad, avanzando hacia ellos como un depredador acechando a su presa.
—Oh, tengo mis métodos —ronroneó, mostrándole la tarjeta magnética— pero la verdadera pregunta es, ¿Qué haces tú aquí con MI prometida, Alexei?
—Te recuerdo que Anya sigue siendo mi esposa legalmente, no tienes ningún derecho sobre ella.
Viktor soltó una carcajada seca, carente de humor.
—¿En serio? ¿Después de todo lo que pasó, aún te crees con derechos? No me hagas reír —se mofó— Anya es mía, y así será siempre.
Alexei...