Mientras tanto, en el refugio secreto de Viktor Sokolov, Stephanie se encontraba atada con una pesada cadena sujeta a uno de sus tobillos. Tironeaba de ella con desesperación, sintiendo que la piel se le abría y sangraba a causa de sus esfuerzos por zafarse.
Sentía un profundo miedo de que Viktor regresará y cumpliera la amenaza que le había hecho, no quería convertirse en una más de esas chicas a las que utilizaban para divertirse cruelmente, no tenían perdón Viktor ni esos desgraciados que pagaban por ver ese cruel espectáculo.
—¡Maldita sea! —gruñó entre jadeos, clavando las uñas en el frío concreto del suelo— ¡Tengo que liberarme antes de que...