—Valiana Gomez!—
Alguien llamándome en mis oídos me sacó de mis recuerdos.
Me sentía confundida y quería levantarme, pero no tenía fuerza.
Había pasado mucho tiempo, y me sentí como si cayera en un abrazo cálido, un olor suave llenando toda mi nariz.
Quise luchar, pero con calma, volví a dormir.
—Valiana!—
—Valiana, ¿puedes oírme?—
La voz del hombre sonaba en mis oídos, algo ruidosa.
Me moví con disgusto, y mi conciencia se desvaneció gradualmente, murmurando en mi boca.
—Tengo sed...—
Me desperté de nuevo, y cubrí instintivamente mis ojos para bloquear la luz brillante de la ventana.
El salón estaba lleno de ruidos sordos, me levanté rápidamente y saqué...