POV: Amaia.
Una pista con una única barra, un foco de luz roja y una mesa con una silla. Nada más.
El ambiente creado es tan íntimo y erótico, que mi piel se eriza con nervios. Avanzo con pasos lentos y al pasar por un lado de la mesa, rozo con mis dedos la brillante madera reluciente. Miro el espacio y es tan reducido, que creo me sentiré a punto de colapsar.
Mi cabeza ahora mismo es un caos, donde no puedo identificar del todo qué siento o cómo debo sentirme en realidad; entre el miedo que me hiela los huesos por la aparición de Ernesto, hasta las crudas sensaciones...