POV: Adam.
Deshago la distancia que me separa de Amaia en cuestión de dos segundos. Una fuerza sobrenatural me embarga y arranco al hijo de puta del senador de encima del cuerpo de mi mujer. A mis espaldas escucho gritos, más órdenes y un jodido murmullo que no abandona mi cabeza.
—¡Amaia! —grito, cuando la veo cerrar los ojos, al borde de la inconsciencia.
Lanzo al maldito senador como un muñeco de trapo y escucho sus reclamos, mientras es aprehendido. Pero yo no miro si alguien lo sostiene, si se va corriendo a qué. Yo solo tengo ojos para ella.
—Amaia —la llamo, cuando me arrodillo a su lado de...