POV: Amaia.
Atravieso todo el salón con mi mirada fija en él. Adam continúa recostado a la barandilla, en su pose relajada y sin dejar de verme todo el tiempo, hasta que llego a su reservado. El brillo de sus ojos es depredador, hambriento incluso, y me provoca escalofríos por todo el cuerpo.
Solo hace ademán de incorporarse cuando yo estoy lo suficientemente cerca de él para ayudarme a subir los cortos escalones. Irónico, que suelo bailar con zapatos más altos que los que ahora llevo y en este momento, sienta mis piernas temblar; con nervios. Eso me produce él, todo un cúmulo de emociones que a veces no sé...