ANDREA.-
Estoy frente a la casa de mis padres, suspiro antes de entrar, amo a mi familia profundamente, pero luego del fracaso de mi noviazgo se preocupan por mi situación sentimental mas de la cuenta. Bajo de mi auto y cuando estoy a punto de entrar observo un Aston Martin color verde estacionar justo detrás del mi Volvo.
- ¡No puede ser! -Entro rápidamente a la casa de mis padres rodando mis ojos hacia arriba-
- ¡Hija, al fin llegas! -Mi madre se acerca con los brazos extendidos-
- Mamá, ¿En serio? invitaste a ese pesado
- Hija... pensé que ya te habías acostumbrado
- ¡Buenas noches! Señora Valencia -Volví a rodar mis ojos y sin ver al idiota dueño de ese saludo entre en busca de una copa de vino, mi hermana vino detrás de mi- ¿Dónde está el sacacorchos?
- Por favor te pido que no discutas con Miguel Ángel -La miro fijamente sosteniendo la botella de vino y la ignoro- Andrea
- Hermana acabas de regresar de tu viaje y en vez de saludarme solo me dices que no pelees con ese idiota, es increíble -Abrí la botella sirviendo un poco del vino en la copa, el primer trago lo tomo en un solo sorbo- ¿Por que lo odias tanto? -Me pregunta, vuelvo a ignorarla sirviéndome la copa casi llena y le paso po r un lado, salgo a la estancia cuando escucho nuevamente al imbécil hablando de su perfecta vida y su perfecta novia que no he tenido el placer de conocer debe ser igual de idiota que él, ¿Qué mujer se fijaría en él? comienzo a observarlo, pues... viéndolo mas de cerca, no está nada mal... cuerpo atlético, hombros anchos, brazos musculosos, hasta elegante se ve, frunzo mi ceño bajo la mirada hacia la copa que reposa en mi mano, definitivamente este vino ya debe estar pasado ¿Qué estupideces estoy diciendo?
- Si la novia estuviera aquí te arrancaría la cabeza por verlo de esa manera -A mi lado se encuentra mi mejor amiga Melissa, la miro de reojo y puedo notar su sonrisa burlista-
- No digas tontearías, solo estoy deseando que se atragante con una de esas uvas, jamás te voy a perdonar que te hayas casado con su mejor amigo -Ella me abraza y luego me da un beso en la mejilla-
- Llevo ya tres años de casada, supéralo -Negue con insistencia-
- Voy a la cocina por mas vino -La dejé sola, tomé de nuevo la botella y empecé a llenar la copa cuando la puerta se abre espero que sea mi amiga, mi madre o mi hermana peor no, la noche está a punto de ponerse peor-
- ¡Hola engreída! -Enarco mi ceja sin responder- Ahora también ¿Eres mal educada? -Sigo degustando mi vino en silencio es de inteligentes ignorar lo que no vale la pena y es lo que hago en este momento, lo escucho sonreír- Ok, puedo notar que estás enojada y créeme que yo estoy igual por trabajar juntos
- ¡Wow! ¿Te diste cuenta? pero, que perceptivo Lombardi, ya que lo mencionas sí, estoy furiosa mi invento va a revolucionar el mundo y no creo que tu empresa sea la indicada para el lanzamiento -Con arrogancia se apoya sobre la pared y sus manos en sus bolsillos que lo hacen ver jodidamente sexy ¿Qué mierdas? borro de mi mente ese pensamiento y hago a un lado la copa de vino-
- Sí, sabes que mi empresa es la mejor del país -Asentí colocando un dedo sobre mi barbilla-
- Sí para promocionar pañales, cosméticos, comida para perros, pero para un producto único no
- ¿Y que es? ¿Un juguete sexual? Tiene sentido ya que en los bajos mundos se dice que estas mas sola que Nemo el día de la madre - Y hasta ahí, decidí borrarle la sonrisa de su estúpida cara, mi mano empuñada terminó justo en su nariz solo alcance a escuchar el grito de mi hermana protestando-
- ¡Andrea! ¿Acaso te volviste loca? -Mis nudillos estaban rojos y comenzaban a doler, vi al imbécil tapándose la nariz con sus manos y negando-
- Tranquila cuñada, estoy... bien yo tuve la culpa esta vez -Cruzó mirada con la mía estaba hecha una furia quería asesinarlo-
- ¡Olvídate que trabajaré contigo! mi invento es mío y yo tengo la patente buscaré otro publicista -Sali de la cocina ignorando a ambos, subí las escaleras encerrándome en mi antigua habitación, el idiota si que sabe por donde darme...
MIGUEL ANGEL.-
- ¿Qué le dijiste? -Veo por el espejo a mi mejor amigo Aaron mientras limpio la sangre que brota de mi nariz a causa del golpe-
- Esa condenada si que golpea duro, creo que tengo que ir al hospital
- No exageres, estoy seguro que tú la heriste mas de lo que ella a ti -Rodé mis ojos-
- Sí, esta vez me sobrepase, pero ella también sabes lo mucho que odio que me subestimen, se cree la gran cosa
- Pues lamento infórmatelo, pero con lo que inventó resulta que es... la gran cosa
- Tú sabes -Asintió- Dímelo, así tendré una idea para sorprenderla con el lanzamiento estoy a ciegas y mi jefe me está presionando quiere hacerme socio con la condición de tratarla bien y complacerla
- Lo siento, no puedo es muy delicado la información se puede filtrar tendrás que buscar otra manera de resarcirte por tu error después de esto Andrea te la pondrá muy difícil
- A veces pienso que estás mas de su lado porque es la mejor amiga de tu esposa y no es justo, yo soy tu amigo -Protesto aun con el pañuelo sobre mi nariz-
- Pues en parte si, si me pongo a defenderte mi mujer no me dejara tocarla en semanas y eso si que no -Hago un bufido y luego le doy un empujón que lo hace reír-
- Ya me las arreglare ahora -Inhalo aire profundamente- tendré que disculparme con esa engreída -Llegué hasta la puerta de su habitación, la conocía tal vez demasiado para saber como piensa y como actúa, toque la puerta-
- Sarah ¡Lárgate! no voy a disculparme
- No soy Sarah, ¿Podemos hablar? Por favor -Pasaron unos segundos cuando abrió la puerta, cruzo los brazos con el rostro rígido, pude notar en sus ojos que había llorado y no sé porque, pero me sentía de la patada al ocasionar eso- Vine a disculparme, no debí hablarte así -Estaba en silencio mirándome fijamente, sus ojos verdes me veían con enojo aun así se veía muy sexy ¿Yo pensé eso?- Mira por este trabajo deberíamos hacer una tregua, te conviene quedar bien con tu jefe y yo con el mío y sabes lo obstinados que son
- Mas te vale que te esfuerces, porque no dudaré en darme el gusto de despedirte -Sin decir más azotó la puerta en mi cara, por suerte estaba a una distancia prudencial de lo contrario mi nariz habría sufrido otro golpe.