En la mañana siguiente, Atenea despertó somnolienta, sintiéndose renovada por una buena noche de sueño, a pesar de haber descansado en un sofá.
Así lo creía, ya que no se percató de que en realidad estaba en la cama, arropada entre las sábanas con Valentino abrazándola por la espalda. Al darse cuenta, experimentó un sobresalto; su corazón dio un brinco por el susto, y el sueño se desvaneció ante la sorpresa.
Alzó la cabeza ligeramente y observó el sofá a lo lejos, vacío, con la manta tirada en el suelo y la almohada en su mismo lugar. ¿Valentino la había llevado a la cama mientras ella dormía profundamente? Se preguntó,...