El calor en la sala aumentaba con cada beso y jadeo de Loraine, mientras Lenox la devoraba. La tenía sobre la mesa, regando besos por su cuello y sus pechos desnudos, tras arrebatarle la blusa que nunca le gustó que llevara.
—Lenox...
—¿Qué ocurre? —se detuvo instintivamente— ¿Estás nerviosa?.
—Un poco... —bajó la mirada avergonzada—. Es mi primera vez, así que...
—¿No lo has hecho antes? —la pregunta la ofendió.
—Claro que no —le dio un ligero golpe en el pecho, cubriendo sus pechos con las manos—. Aunque no lo creas, yo... —esta vez lo miró, con las mejillas más rojas que nunca—. Te estaba esperando a ti, quería hacerlo...