Helena se quedó mirando a su alrededor y cuando sus ojos llegaron a Damián solo titubeó un poco y finalmente pudo hablar.
—Pero ¿por qué? Tú deberías estar aquí.
—No mami —se acerca a ella y la toma por la cintura en una suave caricia —yo pienso que solo tú y Benjamín pudieran ser los que ocupen esta oficina, ustedes son hijos de Alonso, nosotros aunque lo amamos como tal, no lo somos.
Los ojos de Helena se aguaron y Damián se apresuró a secar las lágrimas que se apresuraban a salir.
—Es raro, porque hasta hace poco no quería saber de él, pero ahora siento una opresión de saber...