Sarah pasó la tarde de un lado para otro pensando en cómo pondría una trampa para salir de la asfixiante decisión que tomó. Ella toma el celular y hace un pedido virtual que no tardó mucho tiempo en recibir. Compró unas cámaras diminutas que podían grabar hasta por 10 Hora seguidas gracias a su potente pilas. Ella creó un usuario nuevo y lo colocó de referencia para enviar lo que ya él le había informado que tenía en mente realizar. La primera que instaló fue la del cuarto de juego, una en el pasillo y la última con acceso a mirar hacia la puerta principal.
—¿Qué haces? —escuchó la voz...