Punto de vista, Adriana...
Estábamos haciendo el amor, si así es, estábamos, porque sentía cada caricia de su cuerpo con él mío, cada toque de sus manos, su miembro en mi interior, entrar y salir de mí, haciéndome gemir de placer casi que hasta llegar el punto de hacerme temblar en sus brazos.
No supe en que momento él se convirtió en el dueño de mis pensamientos y aún de mis emociones.
Jamás me pude sentir tan bien y tan estable con ningún hombre, como lo era con él. Él se había hecho por completo el dueño de mi vida, apoderándose de mi.
Después de haber llegado al clímax, él...