ELISE.
Llego a casa y tiro el bolso por cualquier parte; escucho cómo la tablet recibe el golpe, pero lo ignoro. Estoy furiosa.
— Ay, niña, no golpees la tablet — ruedo los ojos y me dirijo a la cocina — ¿Ahora qué te pasó? — lo ignoro y me sirvo una copa de vino.
Ante su atenta mirada, me saco la ropa y solo me quedo en ropa interior. Me siento en los bancos de la cocina, él se acerca y se sirve también. Sabe que cuando estoy enojada y cansada no quiero hablar, pero también sabe que a él se lo contaré. Confío en él.
— Es un...