Punto de vista de Evangelina
—No me gustan. —resoplé, cruzando los brazos sobre mi pecho de manera infantil. Seguía sentada sobre el regazo de Lorenzo. No me dejó cuando intenté volver a mi lugar.
—¿Otra vez? ¿Por qué? Ellos nunca te hicieron nada. —respondió Lorenzo, un poco confundido.
Estaba intentando convencerme de que los gatos son lindos y que, en absoluto, una persona puede llegar a odiarlos. Esa persona, por supuesto, era yo.
Puede que suene raro, pero realmente no me gustan en absoluto. Por alguna razón me repugnan, y no son leales.
—¿Y qué? Simplemente no me gustan. ¿Por qué te gustan tanto a ti? —respondí, molesta.
—Pues… son...