Punto de vista de Lorenzo
—Adelante —la voz de mi padre resonó desde dentro de la oficina, la cual será mía en unas semanas.
Abrí la puerta y entré. Mi padre estaba sentado en su escritorio, haciendo algo de papeleo, y al verme, una pequeña sonrisa jugó en su rostro. Me senté en el sofá frente a su escritorio. Era de cuero muy suave y de color marrón, combinado con el resto de la oficina, con varios cojines de diseño blanco y marrón esparcidos por encima.
Me acomodé entre ellos antes de hablar con mi padre, cuya mirada notó de inmediato mi expresión melancólica.
—¿Qué pasa, hijo? —preguntó.
—Tenemos que...