Mi cuerpo, por su propia voluntad, se dirigió hacia mi habitación, dando dos—no, tres pasos a la vez. A mitad de camino me encontré con Chloe. Ella parecía preocupada, intentando recuperar el aliento.
—L-Lorenzo. E-Evangelina... ella... ella —trataba de formar una frase coherente entre respiraciones. No esperé a que terminara y comencé a caminar de nuevo hacia mi cuarto.
Otro grito llenó la casa al abrir la puerta. Evangelina se retorcía de dolor, mi madre y Alexia estaban junto a ella. Sus cabezas se giraron hacia mí.
—¿Qué está pasando aquí? —pregunté con enojo.
—Lorenzo. Creo que le está creciendo otra cola —respondió Alexia, preocupada.
—¡Fuera! —ordené. Mi madre dejó...