—Ah, ya te has levantado —respondí. —Rápido, ve a ducharte y baja a desayunar —le dije antes de que pudiera abrir la boca para hablar.
—Evangelina, ¿qué...?
—Ahh, no sabía lo que preferías, así que preparé una variedad de cosas. Hice panqueques, huevos, tostadas francesas e incluso una ensalada de frutas —interrumpí.
—Evangelina... —Lorenzo comenzó de nuevo.
—Apúrate y ve a ducharte para que podamos comer. ¡Rápido! —dije mientras lo empujaba hacia las escaleras. Él suspiró y subió.
Solté un suspiro de alivio. No estaba lista para verlo molesto ahora. Al menos deberíamos desayunar primero.
Terminé de poner todo en la mesa y me senté en uno de los taburetes...