Punto de Vista de Amelia
Después de nuestro desayuno, Xavier sugirió que comenzáramos con el papeleo de la manada y yo estuve de acuerdo. Sorprendentemente, no teníamos mucho papeleo, lo cual me alegró.
—Deja de mirarme —dije por quincuagésima primera vez.
—No puedes culparme. Es tu culpa por ser tan hermosa —dijo con una sonrisa.
Me sonrojé y sacudí la cabeza. Continué con el trabajo, ignorando sus miradas, lo cual era muy difícil. No dejaba de mirarme sin importar cuántas veces le dijera.
Finalmente terminamos con nuestro trabajo. Suspire al dejar el bolígrafo. Xavier se rió. Se acercó y se puso detrás de mí, comenzando a masajearme los hombros.
Me...