Perspectiva de Amelia
Me desperté temprano para preparar el desayuno para ambos. Estaba haciendo panqueques, tocino y huevos. Mientras preparaba la mesa, lo oí venir.
Lo miré y vi que fruncía el ceño.
—Buenos días —dije alegremente.
—Malos días —dijo con su voz ronca y soñolienta.
—¿Por qué? —pregunté confundida.
Suspiró y sacudió la cabeza mientras acurrucaba su rostro en mi cuello.
—No estabas aquí cuando me desperté —dijo abrazándome más fuerte, envolviéndome en su calor.
—Lo siento. Quería preparar el desayuno antes de que te despertaras —le expliqué.
—No tienes que hacer todo esto —dijo él.
—Bueno, quería hacerlo —dije sonriendo.
—No es que me queje. Me encanta tu...