El paisaje helado de las montañas poco a poco se iba quedando atrás, dejando en el corazón del Alfa una sensación de vacío como nunca antes había sentido. La nieve comenzaba a caer nuevamente; el invierno había llegado, y la calidez de la primavera parecía demasiado lejana. Los últimos cervatillos de la temporada, corrían en manada buscando alimento y refugio contra el cruel frio que pronto azotaría a aquella solitaria región que tantas memorias guardaba. Sin embargo, nada de aquello parecía realmente relevante entre la marea de pensamientos que lo golpeaban una y otra vez sin detenerse.
“¿Por qué no paras de una buena vez? ¡Deja de jugar conmigo Alfa...