El sol se vislumbraba en lo alto, haciendo que la nieve que había caído la noche anterior, brillara como montones de plata que se derretía poco a poco. Hacia frio, y casi cada chimenea en la vieja mansión entre las montañas, había sido encendida para mantener el sitio caliente y adecuado para una embarazada en recuperación.
Soromir miraba a los sirvientes corriendo de un lado a otro para dejar aquel lugar impecable, pues por orden de su señor, debía quedar reluciente para recibir a una visita realmente importante.
—Mi señor, me ha mandado a llamar a pesar de haber huido de las tierras Fenrir sin avisarme, ¿Puede decirme que es...