—Eufemia…despierta…tu sangre te llama…busca a Jerome…búscalo…tu sangre te llama… —
El sol golpeo repentinamente su rostro. Sus ojos grises, acostumbrándose a la luz, se abrían para ver aquella habitación desconocida. Una lágrima se derramo y tocándose la mejilla, Eufemia no comprendió porque estaba llorando.
Jerome.
Aquel nombre, aquella misma mujer rubia que una vez más se manifestaba en sus sueños. ¿Quiénes eran aquellas personas? ¿Por qué tenía que buscar a ese Jerome? ¿Acaso se estaba volviendo loca? Nuevamente aquel sentimiento doloroso, y tambien, tan cálido, se instalaba en ella dejándola con aquella sensación de añoranza que le llegaba cada vez que miraba a esa bella mujer en sus sueños. Negando...