El punto de vista de Aleena
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Cuando entramos en el traje que nos habían reservado, se me erizaron los pelos de todo el cuerpo al ver la decoración de la habitación. Quería darme la vuelta y salir corriendo lo antes posible, pero no era tan fácil. Tal como parecía, me había abrazado más fuerte y me rodeaba la cintura con sus brazos.
—Mmm... ¡Stephen!
“Todo es hermoso ¿no?”
—¡Sí! —murmuré—. ¿Puedes quitarme la mano de la cintura? Tengo que ir al baño —agregué.
—¡Oh! Lo siento —se disculpó OTRA VEZ. Pero no perdí el tiempo mirándolo fijamente y corrí hacia el baño. Cerré la puerta detrás de mí y...