—Claro —sonríe.
—¿No le has dicho a Aleksander? —quiero saber.
—No, tranquila.
Entonces ¿quién se lo a dicho?
—Mira —decido mostrarle la cajita, se muestra sorprendida lo suficiente para atar que no sabe nada al respecto —. Y la ha dejado junto a una nota, más bien advertencia.
Lee el papel y niega, la hostilidad escrita que viene de Aleksander marca en su rostro el desagrado.
—Me lo suponía e imagino que tú también, debes hacerte a la idea de que exactamente eso pasará si estás embarazada, ¿de acuerdo?
Hay un mar de lágrimas levantando un oleaje de temor en mi interior, la marea es fuerte, me ahoga, nadar no...