Esos enormes ojos azules se parecen a los de una tigresa al acecho. Ella trae escasa ropa provocativa. No queda rastro de la niña que un día fue.
—¿Por qué querías verme, Aleksander? —cuestiona, es innegable que mi presencia le molesta.
—Sara, te pagaré por sexo esta noche. El triple de lo que pides por ello —expreso sin rodeos.
Abre los ojos con sorpresa.
—¿Estás tan desesperado?
—No, pero quiero un poco de acción esta noche. No te hagas la importante, no eres más que una cualquiera. ¿Aceptas o dejas el dinero? —repito, me mira ofendida.
—Solo aceptaré porque necesito el dinero —comenta poniendo los ojos en blanco. No puedo...