Respiro agitada, me encuentro exaltada bajo la oscuridad de la habitación. Aún no amanece, y odio que sea así porque me resultará difícil volver a dormirme. He conseguido calmar el rápido latido de mi corazón, antes se estremecía con furor dentro de mí. El sudoe frío sigue en mi frente y los nervios a flote. Revivir esa escena me muerde los sentidos. Fue un momento horrible que afortunadamente pasó.
Sin darme cuenta recupero el sueño.
Me levanto de la cama y camino hasta el baño. No sin antes volverme y mirar a mi angelito que sigue placido sobre la colcha. Él sí que puede dormir a pierna suelta, lo que...