—Y yo soy la esposa del lobo, pero injustamente eso no me da voz ni voto, y no se me olvida que es una unión marital falsa. Aún así, no merezco que me trates así, Aleksander —expreso con la valentía fugaz, su potencia pesa, no puedo con tanto.
Creo que va a decir algo, pero su móvil suena. Entonces se separa, me he librado de él, se aleja y puedo respirar con normalidad.
—¡Maldita sea! ¿Qué mierda estás diciendo? —escupe y se va envalentonado.
Algo muy malo ha pasado, sigo escuchando gritos fuertes afuera, me hago ovillo en la cama. Es justo eso lo que me aterra de este lugar,...