— Si me siento mucho mejor, gracias Sylvia— dijo él.
Hafid, meditada al ver cómo ésta muchacha tenía las palabras exactas para ayudarle cuando se sumía en sus malditos recuerdos; llegaron a casa y fueron hasta donde los niños, estos al verlos, dijeron:
—¿Dónde estaban ustedes mamá y papá, por qué no fuiste a levantarnos mami? Te extrañé— dijo Amira.
— Tuvimos que salir muy temprano mi amor, por eso no estuve en tu cuarto para levantarte, pero acá estoy, ven dame un abrazo— dijo Sylvia.
— ¿Y a mí, nadie me da un abrazo? — preguntó papá.
— ¡Sí papito, también a ti te damos un abrazo!— dijeron al...