Mia estaba feliz, de eso no había duda, su sonrisa podría iluminar todo el lugar sin ningún problema. Y todo por dos pares de pantuflas. Conseguirlos no había sido tan difícil como había creído. Al parecer Mia no era la única persona a la que le gustaba usar aquellas cosas. Particularmente Giovanni no le veía su atractivo, pero quién era para juzgar.
—Deberíamos ir a descansar —dijo cuando Mia soltó un bostezó.
—Está bien —respondió ella recogiendo sus zapatos y el otro par de pantuflas que estaban en el suelo.
Mia lo guio hacia el segundo piso mientras él la seguía sin dejar de mirarla. La combinación entre su vestido...