* * * * * * * * * Merlí * * * * * * * * * *
—¿Se puede saber a qué estás jugando? —pregunta impaciente y fastidiado, al haber abierto mi puerta sin permiso, y entrado a mi habitación.
Al parecer, el que le haya enviado, con el personal, el recado de que ya no iría a la fiesta, no le había gustado.
—Se toca antes de entrar...
—Es mi maldita casa. ¿Se puede saber a qué juegas?
—Yo, a nada...
—No juegues con mi paciencia... —advierte muy serio; y yo sonrío levemente.
—Primero, te pediré que te calmes porque no quiero que discutamos.
—¿A QUÉ...