—Hija— escucho su voz decir una y otra vez— por favor, despierta.
«¿Mi padre está aquí? ¿Dónde estoy? No lo veo...»
—No sabes cuánto lo siento Mauricio— le escucho decir a él.
«¿Qué hace aquí? No... él no...»
Me muevo intentando huir.
—Hija, tranquila—me dice y por primera vez siento su mano tocándome.
«¿No estoy muerta?»
Quiero abrir mis ojos para ver a mi padre, pero apenas consigo levantar mis párpados... —Tu puedes mi niña— me alienta mi padre y puedo notar su voz quebrada.
Intento una vez más y finalmente consigo abrir mis ojos. Mi padre me sonríe y aprieta mi mano. —¡Que alegría es verte a los ojos!...