Horas más tarde
—¡Hija!— exclama mi padre apenas me ve entrar a su oficina y se levanta de su silla para venir hacia mí y abrazarme con todas sus fuerzas —¡¿Cómo se te ha ocurrido meterte con ese tipo?! ¡Me hubiese muerto de tristeza si algo malo te ocurrida! — me reclama sin soltarme.
—Pa, estoy bien... no ha sucedido nada, tranquilo — digo yo también y lo abrazo para tratar de tranquilizarlo —Tu nombre quedará limpio, ya verás. — explico y repentinamente él me suelta un poco para mirarme a la cara.
—No sé cómo has sabido de los problemas que Raúl y yo teníamos, pero ahora no hablaremos...