Dylan abre los ojos poco a poco y sonríe cuando sus fosas nasales son acariciadas por el dulce olor de su mate. Él se mantiene en un trance de deleite por unos minutos, donde disfruta del calor que el cuerpo de Legna le brinda.
—Loba intrépida... —balbucea, soñoliento. El quejido de Legna termina de despertarlo y una incomodidad familiar lo hace despabilarse.
No puede creerlo, ¿acaso está alucinando? Él quita las hebras onduladas y rojizas que tiene en la cara y parte de su cuerpo, y se libera de la llave que ella le hace con sus brazos y piernas para poder sentarse en la cama, una vez lo logra,...