Verla de nuevo y tan pronto le causa un sentimiento de culpa indescriptible, ya que todavía recuerda las lágrimas en los ojos celestes, sus mejillas sonrojadas y la desilusión en su semblante. Pero tenía que ser sincero, puesto que sus emociones estaban fuera de control.
Es que esa noche, después de despedirse de la cumpleañera y de su hermano, tuvo que lidiar con el amargor y el vacío que la ausencia de esa chiquilla fastidiosa le dejó. Horas antes, llegó lejos con ella e incluso su lobo estuvo a punto de reclamarla.
No, ya no puede seguir luchando contra sí mismo; sin embargo, carga con el peso de la culpa...