Caroline pensó que Amira estaba delirando, quizás era por el abrasador calor que hacía.
—Mujer, termina de decir las cosas, tal vez es la segunda esposa de Zafir.
—No, es la primera. —Logró decir aun con el susto reflejado en el rostro.
—No, estás equivocada, la primera la conozco y no es ella. —Replicó Caroline, completamente convencida de lo que decía.
—Es Lyna, la primera mujer de mi hermano.
—¿La muerta? No, estás loca, no creo que tengamos algún tipo de alucinación colectiva, se ha de parecer a ella, quizás por el color de su cabello, me han contado que era pelirroja.
Amira prefirió guardar silencio, no quería que dudaran de su cordura.
Lyna subió en una de las camionetas, en la parte delantera subió Zafir junto al chofer.
Ahmed y Aisha bajaron junto a sus hijos, seguidos de Basima y la nana, y algunos guardaespaldas que llevaban el equipaje.
—Hermana, me da gusto ver que regresen con bien, pero pensé que se quedarían algunos días más.
—Hola, Caro, tuvimos que regresar por un imprevisto.
—¿Te pasa algo? ¿Has estado llorando? Tus ojos están enrojecidos.
—Pasa, pasa que regresó la bruja, es tan maldita que ni la muerte la quiso. —Exclamó Basima con disgusto.
Las dos chicas no creían lo que estaban escuchando, entonces la mujer que vieron pasar junto a Zafir, sí era Lyna.
—Madre, por favor, recuerde que junto a ella han regresado mis hijos.
—Será mejor que regresemos al palacio, quiero ver como vas a manejar esto, hijo.
Ahmed subió en una camioneta, junto a Aisha y sus hijos, Amira, Caroline, Basima y la nana, subieron a otra, las tres camionetas enfilaron hacia el palacio, seguidas de otras más.
Al llegar, Lyna bajó de inmediato, quería entrar en el palacio antes que Aisha.
Entró de prisa, y cuando Aisha iba a entrar junto a sus hijos, se paró al medio para prohibir su entrada.
—¿Qué haces, Lyna? —Preguntó Ahmed confundido.
—Este es el palacio del Jeque.
—Así es, ¿Y?
—Yo soy tu primera esposa, y mi lugar es estar junto a ti en este palacio, es mi lugar, me pertenece y a mis hijos, no a esa mujer. —Pronunció mientras señalaba con desprecio a Aisha.
Abdel y Antara se pararon junto a su madre mientras la abrazaban, Ahmed estaba completamente sorprendido.
Ahmed no lo podía creer, ¿En qué momento se había convertido en ese tipo de mujer Lyna? Tal vez era porque no se hacía a la idea de que había otra mujer en su vida, decidió darle por su lado, con los días ya lo asimilaría.
Aisha por su parte estaba furiosa, ahí dentro estaban todas sus cosas, y las de sus hijos.
Basima no pensaba aceptar lo que la mujer exigía, al ver que su hijo se quedaba callado, replicó enseguida.
De ningún modo, o te quitas o te quito, tu decides, y cuidado y tratas de detenerme, hijo, porque vas a conocer una parte de tu madre que no has conocido, y no te va a gustar, te lo aseguro.
Basima se abrió paso hasta Lyna y sus hijos, después se volteó hacia Aisha.
—Anda, pasa a tu casa, hija, tu y mis nietos son los que deben de estar aquí, si a otras no les parece. que se marchen.
—Madre, por favor.
—Por favor, como puedes simplemente agachar la cabeza ante las absurdas exigencias de esta mujer, te desconozco, hijo, ella fue la que se marchó durante tantos años, no importa el motivo, ahora quiere regresar a ocupar un lugar que ya no le corresponde, sí tu no la ubicas donde corresponde, no te preocupes, yo la ubico.
Ahmed sudaba profusamente, se acercó para tomar la mano de Aisha y depositar un tierno beso, esperaba que con eso ella entendiera el difícil momento que estaba viviendo.
—Lyna, será mejor que me acompañen, se hospedaran en el segundo palacio, al igual que este es muy cómodo.
—Lo haré, pero solo si tú te quedas ahí conmigo, como es debido, aun soy tu esposa Ahmed, tengo todo el derecho a reclamar lo que es mío, tu hermano se encargó de arruinarme la vida, yo no tengo culpa alguna en lo sucedido.
Aisha volteó a ver al árabe, esperaba que se negara a la petición de Lyna.
—Lo siento, Lyna, no me quedaré contigo ni con Aisha, no quiero lastimarlas, encontraremos la mejor manera de solucionar esto.
Ahmed depositó un beso en la frente de Aisha, le pidió disculpas hablando suavemente a su oído, después le pidió a Zafir que llevará al segundo palacio a Lyna y sus hijos, salió de ahí prácticamente huyendo.
Lyna se vio obligada a seguir a Zafir, estaba prácticamente entre enemigos, así que sin Ahmed ahí, era mejor alejarse, caminó junto a sus hijos, pasando entre Aisha y los suyos, viéndolos con total desprecio, para ella eran menos que nadie.
—Vamos, hija, entra, no debes quedarte ahí parada, esa mujer cree que hará las cosas que hacía antes, pero no vamos a permitirlo de ningún modo.
—Ahmed me ha desilusionado, lo siento, no puedo evitarlo. —Aisha estaba a punto del llanto.
Ahmed por su parte, se dirigió a un bar clandestino, se sentía dentro de un callejón sin salida, dividido entre el amor que sentía por Aisha, y la culpa que sentía ante Lyna.
Empezó a beber una copa tras otra, los asistentes al lugar, lo veían confundidos, ¿Acaso no era ese el Jeque? ¿Qué hacía en un lugar clandestino?
Zafir lo conocía muy bien, así que después de instalar a Lyna ya sus hijos, se dirigió hacia el bar, al entrar lo buscó con la mirada, lo encontró al fondo, estaba sentado frente a la barra.
—Jefe, no debería tomar en un lugar como este, podrían reconocerle.
—¿Tienes idea de la intensidad con la que amé a Lyna en el pasado? Pero es solo eso, un recuerdo guardado en lo profundo de mi corazón, Aisha es mi presente, y deseo que sea mi futuro, la amo de una manera que no creí que existiera, y no deseo perderla, jamás aceptara ser la segunda esposa, eso no existe para ella, pero no tengo la fuerza suficiente para rechazar a Lyna, no deseo que sufra al sentirse rechazada, tampoco deseo perder de nuevo a mis hijos.
—Pues sí que la tiene difícil, jefe, me gustaría poder decir algo que lo ayudara, pero para ser sincero, no tengo una sola palabra que pudiera servirle.
Zafir ya no insistió en irse, lo dejó desahogar sus penas frente a la botella de vino, algunas botellas después, consideró que ya era tiempo de regresar al palacio, pero no sabía a cuál debería de llevarlo, Ahmed habló en ese momento,
—Regresemos, volveré al palacio principal, mi esposa me espera.
Zafir se dio cuenta de que Ahmed no estaba tan ebrio como había pensado, así que salieron del bar para dirigirse hacia el palacio.
Al llegar, Ahmed se apresuró a entrar, deseaba llegar cuanto antes a donde estaba Aisha, no se dio cuenta de que desde el balcón principal del segundo palacio, unos ojos verdes lo estaban observando, Lyna tuvo que tragarse toda la furia que sintió al ver que el entraba al palacio principal, apresurado.
Aisha no había podido dormir, decidió darse una ducha para intentar relajarse, al salir pegó un fuerte grito al ver sobre el sillón, la sombra de un hombre.
—Perdón, habibi, no deseaba asustarte. —Al escuchar la ronca voz de Ahmed, Aisha logró tranquilizarse.
—No pensé que vendrías.
—¿Por qué no habría de hacerlo? Mi lugar está junto a ti.
—Sabes que las cosas han cambiado.
—Por favor, no nos atormentemos con lo que ha sucedido, no está noche.
—¿Entonces cuándo? Yo necesito saber…
—Shhh —Ahmed se acercó y colocó su dedo sobre sus labios, indicando callar, para enseguida darle un beso, no fue un beso común, fue un beso desesperado, la necesitaba tanto.
Aisha no se resistió, se dejó llevar, a pesar de los años, la pasión entre ellos no había menguado.
Aisha le quitó la camisa de un solo tirón, los botones salieron disparados, Ahmed sonrió con esa sonrisa que a ella tanto le gustaba, esa sonrisa sexy de medio lado.
Él la abrazó fuertemente pegándola a él, ella pudo sentir su aliento alcohólico, prefirió no decir nada, sabía por lo que estaba pasando, Ahmed continuó besándola intensamente, lentamente fue retrocediendo, hasta llevarla a la cama.
Ella se acostó mientras clavaba su mirada en los ojos de él de manera intensa, eso avivó su deseo, lentamente alzó la delgada bata que cubría su cuerpo.
Para enseguida empezar a recorrer sus piernas con sus labios, le encantaba observar su cuerpo, aunque a esas alturas no hubiera un solo lugar de él que no hubiera visto, podría recorrerlo con sus labios aún con los ojos cerrados.
Se sintió afortunado al no encontrar debajo de aquella bata, nada que pudiera estorbar a sus caricias, nada que impidiera sentir la suavidad de su piel, ni el calor de su cuerpo.
—Ahmed —Pronunció débilmente Aisha.
Ahmed volvió a sonreír, para después besarla de nuevo, esta vez fue un beso lento, sin tanta urgencia, sabía que estaba a punto de invadir su cuerpo, en esos momentos de intimidad era como si se convirtieran en uno solo.
Aisha disfrutaba de él, adoraba el aroma que despedía, así como el sabor de sus besos, la enloquecía sentir su peso sobre ella hundiéndola sobre la cama, sentir su cuerpo le despertaba intensas sensaciones, sensaciones que sería inútil tratar de describir, porque estaba segura que no encontraría palabras para hacerlo.
Él bajó su mano hasta sus muslos, mientras la seguía besando, acarició suavemente su centro, haciendo pequeños círculos con su dedo, Aisha no pudo reprimir un gemido ahogado cuando una corriente eléctrica le recorrió por completo.
Ahmed entró en ella y comenzó a moverse con fuerza, la calma previa había sido tan solo el preámbulo de lo que estaba por acontecer, la tomó de manera desesperada, quería con ello que Aisha se diera cuenta que le pertenecía por completo, que jamás permitiría que lo abandonara.
Desde que Lyna había regresado, lo había invadido un terrible miedo, Aisha lo había dejado muy claro desde el principio, jamás aceptaría convertirse en la segunda esposa y eso era precisamente en lo que se había convertido, ahora tendría que buscar la manera en que entendiera que no podía hacer nada ante eso.
No es algo que él hubiera querido, pero no podía darles la espalda a Lyna y a sus hijos.
Más tarde dormían abrazados como siempre lo hacían, se sentían agotados, habían hecho el amor una y otra vez hasta sentirse satisfechos.
Por la mañana, cuando ella despertó, ya no lo encontró a su lado, colocó su mano sobre la cama, pudo sentir que la sábana estaba fría, era obvió que tenía rato que se había marchado.
Lo imaginó sonriendo al lado de Lyna, con esa sonrisa sexy que solo le pertenecía a ella, sintió como si su corazón se hubiera vuelto pequeño, era una sensación desesperante.
Se levantó para pararse frente al espejo, nunca había sido tan dura con ella misma como aquella mañana, se reprochó el no haber puesto más atención sobre su cuerpo.
El dolor la cegaba, su cuerpo era tan perfecto como lo era años atrás, no parecía que hubiera pasado por tres embarazos, pero en ese momento solo podía pensar en que Lyna era hermosa, con ese cabello color fuego y esos intensos ojos verdes.
Sin darse cuenta, terminó sentada sobre la alfombra, abrazando sus piernas mientras lloraba amargamente, tanto Aisha como Ahmed, se estaban dejando vencer por sus miedos.