Por suerte, Leticia nunca vendió su apartamento, por lo que sin querer meterse en más problema o ponerse en peligro, contacta a la niñera para que lleve a su hijo a su apartamento, donde después de dormirlo, saca unas cuantas botellas y se encierra desconectándose de la realidad.
A la mañana siguiente el dolor de cabeza no era nada normal, por lo que va por una pastilla a la cocina.
—El señor no ha dejado de llamar desde temprano —le informa la niñera.
—Sigo con vida, es lo único que necesita saber —responde haciendo a un lado el teléfono.
Fue tanto el enojo del día anterior que, ha olvidado por...