Hanna.
Mientras la limusina avanzaba por Londres, conmigo dentro totalmente furiosa en la parte de atrás, escoltada por los guardaespaldas, o más bien los perros guardianes que me había adjudicado el hombre muerto del CEO, para controlarme, yo me imagina las mil maneras de mandarlo a la mierda directamente una vez llegara a la mansión, donde recogería mis cosas, y tras decirle descriptivamente, y con detalle, al Alfa donde se podía meter sus acuerdos, salir de la vida de ese hombre, para siempre.
Pero sabía que eso no podía hacerlo, el primer pago del dinero que tenía ahorrado ya había sido abonado a la clínica que atendería a Mia, por...