Roy.
- “¿Como era que no me cansaba de su sabor? ¿Cómo era posible que no me cansara de saborearla?”- pensaba mientras la tenía delante de mí, expuesta con una pierna sobre mi hombro, gimiendo descontrolada, agarrada a mi cabello y mis hombros, fuertemente.
Ya había conseguido arrancarle un par de alucinantes y sentidos orgasmos, y aun así no me había detenido para que se recuperara. Sólo cuando sentí que sus piernas se debilitaban, la sostuve con mis manos en sus caderas mientras me incorporaba. Su respiración era jadeante, y su cuerpo aún temblaba de las sensaciones recibidas.
Estaba jodidamente bella, con la cara enrojecida del agua caliente, y del...