Roy.
- “Lo quiero por escrito, Alfa”- esa frase se me seguía repitiendo en la cabeza.
Aún no me podía creer que me hubiera dicho eso, después de tantos años, y prácticamente vivir en las rodillas de mi padre, negociando con los mejores empresario y economista que existían en el Mundo, y una estudiante de Medicina de veintitrés años, negociando conmigo, me había arrastrado por el piso, dejándome totalmente sorprendido.
No solo puso condiciones, que conseguían contrarrestarlas las que yo le había puesto antes, sino que quería que se cumplieran según lo que habíamos pactado, darme una chance a renegociar. Como sabe cualquier empresario, o negociante, que se precie, lo...