Quería poseerla, de hecho era lo que más deseaba en el mundo.
Verónica sacaba los instintos animales de todo hombre que posara sus ojos en ella, en especial los de él.
Esa hembra creía que había escapado de las garras del lobo, sin embargo, él podía encontrarla cuando quisiera porque podría rastrear su aroma en dónde estuviera, ella era suya y nunca la dejaría alejarse.