Audrey Johnson
¡Oh mi Dios! Aun no se como me atreví a enviarle una foto así, espero no arrepentirme luego. Me abrocho la bata mientras elijo que ponerme, quisiera usar una de las batas de seda que uso para cuando quiero estar cómoda, por la que elijo la rosa con blanco.
Bajo las escaleras y allí están las dos chicas con las que me gusta pasar el tiempo
—¿A que juegan?— pregunto al ver la casa de muñecas abajo y a una Sara con gorrito rosa de cuando yo era pequeña.
—Ella es la vecina que vino a pedirme azúcar— explica la pequeña rubia —en cambio yo soy la veterinaria...