Audrey Johnson
Después de haberle dado la ropa a Sebastián, se arregló después de haber planchado con mucho cuidado su traje, el siempre le ha gustado vestir implacable, por eso no me sorprendió cuando salió de uno de los cuartos de visitas vestido como si hubiera salido apenas de Compras con el traje perfecto.
Sara está enfurruñada en el sofá porque todavía no sabe el supuesto chisme que le tengo, debe estar desesperada.
—¿Ahora si?— pregunta con impaciencia —Ya estamos todos.
—Si— sonrió con la niña de 20 y tantos que tengo al frente —Hoy firmaré un asociado para comprar un restaurante.
Todos se quedan con la boca abierta por...