Audrey Johnson
Después de un largo día en donde almorzamos en la terraza y regresamos a la oficina para ponernos al día de todos, volvemos a casa.
Los pies me matan por mis tacones, así que me echo en el sofá apenas llego, Neith se ríe de mi al verme así, yo lo fulminó con la mirada.
—Vale, no me mates, dejame ayudarte— se acerca y se sienta en la alfombra, saca mis sandalias y comienza a masajear mis pies. De forma involuntaria se me escapa un gemido por su contacto y por como me hace relajar —Cariño, no hagas eso, si no te tendré que consentir en otros lugares...