Regina se sentía frustrada y quiso refugiarse en la soledad de su habitación, se posicionó frente al espejo y se empezó a desvestir. Su rostro estaba cargado de resentimiento, la elección de Michael era clara y su pecho no dejaba de sentir infortunio, le quemaba como el infierno tenebroso. Mientras sus ojos recorrían los reflejos de su propia imagen, los moretones y cicatrices de sus brazos, pecho y espalda le hicieron enardecer, aunque eran marcas de su propia maldad se veían grotescos.
Cada golpe que le habían infligido era un recordatorio de que ahora su adorado Michael había encontrado el camino en los brazos de Melissa y ella en su...