—¡Oh, Dios mío! ¡Estamos AQUÍ! —Meg chilla, saltando del coche y bailando como una loca.
Yo me río. Ella es tan rara. Terminó tumbada en el suelo con los brazos y las piernas extendidas.
—¡Siempre extraño demasiado este lugar! —ella dice.
Sonrío y golpeo a Harry. Estaba también a mi lado. Su brazo estaba alrededor de mis hombros y me incliné contra él mientras me usaba como oso de peluche. Odiaba despertarlo, pero me estaba atrapando en el auto.
—¿Mmm? —responde una vez que toco su mejilla por segunda vez.
—Cariño, estamos aquí. Estamos en la casa del lago; es hora de despertar. Vamos.
—Mmm cinco minutos más...
Sonrío y...