Tessa estaba en su oficina cuando de repente tuvo un antojo.
Intentó por todos los medios frenarlo, pero no podía concentrarse en su trabajo.
Al final, tomó su teléfono y llamó a Aaron.
—Oye, cariño. ¡Tengo un antojo!
Al otro lado del teléfono, Aaron aguzó el oído. Sabía que cuando recibiera una llamada así de su esposa, tenía que prestar atención y conseguirle lo que ella quisiera.
—Dime lo que quieres, amor —respondió rápidamente, poniéndose ya de pie y agarrando las llaves de su auto.
Tessa sonrió y se frotó el estómago. —Quiero batido —dijo.
—Estaré allí en veinte minutos —declaró Aaron por teléfono.
Conociendo su lugar favorito de batidos,...